Entrevista

Begoña Vargas, la musa rebelde de Netflix que conquista ‘Berlín’: "La industria quería encasillarme, pero le di la vuelta"

La actriz y embajadora de Springfield interpreta a Cameron en el 'spin-off' de 'La casa de papel', que verá la luz en Netflix el 29 de diciembre.

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Los veintitrés años de Begoña Vargas (Madrid, 1999) contrastan con el encanto vetusto de las antigüedades que decoran el espacio de Madame Leavesley, una ecléctica tienda acogida desde hace años por el Rastro madrileño que sirve como escenario de la cita de Magas con la actriz.

A su paso, la joven repasa con la mirada todas las maravillas art déco que se esconden en el número 8 de la calle López Silva. Llega y saluda emocionada, con una sonrisa perfectamente encuadrada y la actitud de quien no se lleva mal con los lunes.

Las palabras fluyen con naturalidad al hablar con ella mientras se deja acicalar. En las distancias cortas, se desenvuelve carismática. Y gesticula, por momentos tanto que una no puede evitar mirar a la maquilladora, Inés Castaños, en busca de algún gesto que indique desespero.

No lo encontramos. Ella, igual que nosotros, también está inmersa en el hilo de confidencias que la actriz va tejiendo durante la entrevista. Sabe ganarse a la gente, y también a la pantalla. Begoña Vargas es una conquistadora.

Foto dos de Vargas con look cuatro

Mesa comedor en amboina de Pierre Dessay
Abrigo 'faux fur', vestido con estampado floral y botines de Springfield

Su trayectoria es corta en cuanto a tiempo pero dilatada en experiencias. La fama le llegó con el papel de Roberta, en La otra mirada (Televisión Española, 2018).

Desde ahí, no hizo más que escalar: protagonizó Alta Mar (Netflix, 2019), junto a Jon Kortajarena y Alejandra Onieva; y al poco tiempo dio el salto al séptimo arte con Malasaña 32 (Albert Pintó, 2020). En el Festival de Cine de San Sebastián estrenó Las leyes de la frontera (Daniel Monzón, 2021), adaptación de la novela de Javier Cercas.

Ha compartido créditos con nombres como el de Amaia Salamanca —en Bienvenidos al Edén— y Carlos Bardem —en el largometraje Centauro (Netflix, 2022)—.

Ahora disfruta de la promoción de Berlín (Netflix, 2023), el spin-off de La casa de papel (Netflix, 2017), en el que da vida a Cameron, una de las muchas ‘mujeres fuertes’ en las que sabe convertirse. La serie verá la luz el 29 de diciembre en la misma plataforma que emite a su predecesora.

Además de deberse a la actuación, Begoña Vargas también flirtea con el baile y el modelaje, explica a Magas. El primero es un placer que conserva desde los diez años, edad a la que descubrió la danza moderna. Lo segundo la acerca a la moda, de la que se confiesa una apasionada más.

Le gusta jugar con las tendencias, y así lo demuestra mientras se contonea por el salón vestida con la nueva colección de Springfield, de la que es embajadora. "Es una firma que me hace sentir libre, desenfadada, y segura de mí misma", asegura. Tres adjetivos que definen a la actriz en cada una de sus respuestas.

Foto uno de Vargas con look cuatro

Actriz, bailarina, modelo. Begoña Vargas se ha ganado el adjetivo 'polifacética' por derecho propio. ¿Con qué otros te definirías?

¡Qué complicado! La verdad es que ahora mismo me encuentro en un camino de autoconocimiento, de investigar y descubrir quién soy. No tanto de saber lo que se espera de mí, sino de preguntarme qué disfruto haciendo, a dónde quiero ir… ¿Eso cuenta? Es que podría decir algo muy cliché, como que me considero buena persona, y dar cinco adjetivos que el año que viene no me gustarán tanto y querré cambiarlos… así que mejor no. El resumen es que trato de ser honesta conmigo misma y con lo que siento. No intento ser nada más que lo que soy ahora mismo.

¿Crees que hay algo generacional en esa inquietud por probarlo todo?

Supongo que los jóvenes nos hemos 'rebelado' contra la idea del trabajo como algo en lo que hay que dedicarse a una misma cosa para siempre, como han hecho muchos de nuestros padres. Yo me imagino haciendo lo mismo que ahora hasta el día en que me muera y, qué aburrimiento, ¿no? El ser humano busca motivaciones, objetivos. Que si ahora quiero mantenerme por mí sola, que si vivir en otra ciudad… Tener metas enriquece. Si con 23 años tuviera que decir "me conformo, hasta aquí he llegado", acabaría cayendo en una depresión profundísima.

Foto tres de Vargas con look cuatro

En cualquier caso, tu interés por la interpretación no es algo que llegara de repente. Llevas persiguiéndolo desde pequeña.

Yo siempre digo que mis padres descubrieron mi vocación antes que yo. De niña, siempre estaba bailando, cantando con la guitarra, y todas las asignaturas que tenían algo artístico eran de diez. En las otras [ríe] aprobaba porque me las apañaba para hacerlo, pero no me motivaban, así que hacía lo justo para llegar al seis.

En cualquier caso, los padres siempre saben cómo son sus hijos, y a mí esto me vino de serie. Ellos hacían lo que podían para apuntarme a las extraescolares que me gustaban según la economía que tuvieran en cada momento.

¿El genio del artista le viene dado o se trabaja?

Ambas [ladea la cabeza, pensativa]. Todos nacemos con un talento especial que nadie sabe explicar cuál es, pero lo llevamos dentro. El problema es que si no se trabaja, uno se convierte en un diamante en bruto. Y un diamante en bruto no vale nada.

Lo que hay que hacer es potenciar las cualidades que nos hacen destacar de pequeños, porque es cuando más aprendemos. Con seis años eres una esponja, pero conforme creces se te van metiendo otras preocupaciones en la cabeza, empiezas a rodearte de gente que te dice qué tiene salidas y qué no… En fin, ¿alguna vez has leído El Principito?

En el colegio, la primera vez.

Pues yo lo estoy leyendo ahora y es que el libro empieza exactamente así. El piloto le cuenta [al príncipe] que si de niño le hubieran dado las habilidades y el tiempo para poder dibujar, habría sido un buen pintor. De repente me acordé de eso. Y bueno, también creo que el arte ayuda a conocerse a uno mismo.

Lámpara Arredoluce y aparador Willy Rizzo
Abrigo de borreguito, vestido de punto y botines de Springfield

Foto dos de Vargas con look tres
Foto uno de Vargas con look tres

Una parte de tu infancia se ha quedado en la Escuela Municipal de Loeches, donde te criaste hasta la adolescencia. Allí aprendiste ballet y también danza moderna. ¿Comenzar a bailar tan pronto otorga, de alguna manera, un sentido de la disciplina?

Puede ser. Yo siempre digo que el baile es uno de los deportes más completos que hay, aunque no se le dé tanto valor como a otros. Aporta expresión corporal, corrige la postura, en fin, trabajas hasta las pestañas cuando lo practicas [ríe].

Decías antes que el arte da conocimiento, habilidades. Parece que tienes muchas. ¿En qué no eres tan buena?

¡En muchas cosas! De verdad, soy la primera que se equivoca cada día en al menos diez cosas. Lo que pasa es que hace tiempo que aprendí que los errores no son fracasos, sino el comienzo de un nuevo aprendizaje. A mí me habían enseñado que equivocarse es malo, y ahora busco hacerlo todo el rato.

No me da miedo fiarme de mi intuición. Si hay algo dentro de mí que me dice "haz esto", aunque todo el mundo piense que estoy loca, lo haré. Si cometo fallos por el camino no pasa nada, probablemente sea cuando más aprenda.

Foto tres de Vargas con look tres

Una artista a la carrera

Hablemos de tu trayectoria. Adelantamos a los lectores que la lista de títulos es larga. ¿Cómo eliges tus proyectos?

Pues mira, yo siempre trato de encontrar en cada proyecto al personaje al que voy a dar vida. Quiero dar voz a muchos tipos de mujeres y no quedarme solamente en lo que funciona, porque muchas veces la propia industria es así, caprichosa. Te ubica en un sitio para siempre solo porque has hecho bien un papel. Y no es lo que quiero.

¿Es una forma de decir que te has sentido encasillada como actriz?

Bueno… Es que claro, ¿qué es el encasillamiento? Siempre se ha dicho que si te va bien en los papeles de guapa, o de personaje con carácter, tienes que hacerlos todo el tiempo. Pero cada persona es un mundo. Yo creo que [desde la industria] sí se me ha querido encasillar, pero he sabido darle la vuelta.

En mí buscan personajes fuertes, mujeres que pueden con todo, tías capaces, hábiles, inteligentes… pero luego los lees y no acaba siendo así. Al final les añades cosas, junto con el director y el equipo, y de repente es como "vale, esto es mucho más rico, vamos a llevarlo por aquí". Se convierte en un viaje en el que el personaje va evolucionando. Además, a mí me gusta mucho que mis personajes cambien físicamente, para no sentir que hago lo mismo siempre.

Reese Witherspoon dijo en una entrevista que nunca ve sus películas para no entrar en una "espiral de autoodio". Bardem más de lo mismo. Julianne Moore igual. ¿Tú eres de sobreanalizarte en la pantalla o prefieres pasar de puntillas?

Siempre he sido una persona que ve las cosas en blanco o en negro, pero ahora he aprendido que en el gris también hay mucha felicidad. Yo sí me veo, porque aprendo mucho. Me gusta hacer ese ejercicio porque cada persona del equipo vive el proyecto de forma distinta. El montador no sabe lo que estás pensando mientras interpretas a tu personaje; el director, el equipo de vestuario y maquillaje, etc., igual. Cada uno tiene su visión del personaje, nadie lo entiende de la misma manera.

Por eso, si tú no ves cómo ha quedado el resultado final, lo que estás haciendo es hablar de un personaje etéreo que has creado en casa pero que en el set se ha transformado en otra cosa. Para mí está bien verme en pantalla. Tampoco hace falta hacerlo mil veces. Una tiene que asumir que, para bien o para mal, esto es lo que hay, lo que va a quedar para la posteridad sobre el personaje. Es importante hacer las paces también con esto.

Foto uno de Vargas con look uno

Tu debut en el cine fue con un papel protagonista en Malasaña 32. ¿Fue un punto de inflexión para ti?

A ver, yo me hice actriz por las películas, mis referentes vienen de la gran pantalla y yo siempre he buscado hacer cine. Lo que pasa es que cuando comienzas en esta industria no eliges. Nadie cuenta esto, pero bueno, lo hago yo.

Cuando empiezas a actuar coges lo que te dan, y yo tuve la suerte de que los papeles que me llegaron eran cosas bonitas en las que podía desarrollarme. Pero a veces también llegan proyectos con los que recuerdas que hay mucha hambre en el sector, que la gente está deseando currar y no siempre puede decidir a qué dice que sí y a qué no. Es el dilema del artista.

Yo ahora tengo la suerte y una posición que me permite elegir mis proyectos, pero en ese momento no lo hacía. Malasaña 32 fue uno de los primeros castings que hice en el cine, y cuando me lo dieron no me lo podía creer. Era una fantasía de proyecto y además de terror, que es un género que me fascina desde pequeña.

Hablemos ahora de La otra mirada. Tuviste que adaptar la tuya para interpretar a Roberta, una mujer de principios del siglo XX, viviendo tú en una sociedad completamente distinta.

Lo es, pero no tanto. Hay algo en esa serie que quizás la gente no recuerde, pero a mí me ha marcado. El día que se emitió el capítulo de los juicios de la violación a mi personaje, justo salió en los medios el caso de la Manada. Cuando la ficción y la realidad coinciden de esa manera, te preguntas si realmente hemos evolucionado tanto como creemos... Me gustaría pensar que sí, pero vamos lentamente. Que cada uno saque sus propias conclusiones.

Tú nos esbozas las tuyas. ¿Sueles posicionarte?

¿No es ese el trabajo del artista? Plasmar la época en la que vive, cómo se siente en ella… Eso incluye criticar cómo son las cosas. Da igual que seas un músico de bar, un bailarín o un pintor. El arte está hecho para contar y para hacer pensar. Si puedo hacer una película preciosa que te emocione, genial, pero si además logro conseguir que cuando la termines haya algo en ella que te haga reflexionar, entonces mi trabajo está hecho.

Foto dos de Vargas con look uno
Foto tres de Vargas con look uno

Butaca LC2 Le Corbusier, mesa Ula Giannella Ventura y lámpara Mazda
Chaleco, pantalón de pana con estampado floral y botines de Springfield

En 2021, Las leyes de la frontera recuperan la esencia del cine quinqui español con una propuesta muy interesante, y tú estás en el elenco.

Es un proyecto que aún no supero, fue un sueño. Se generó algo verdaderamente familiar, le pusimos tanto cariño… Creo que eso se vio reflejado en la película. Dar vida a un personaje como Tere fue un regalo. Solo puedo decir cosas buenas de esa película, porque entré en ella siendo una niña y salí siendo una pequeña adulta.

De eso hace ya un par de años. ¿Te sigues considerando una pequeña adulta?

¡Claro! No hay que perder nunca a tu niña interior, porque el día que lo haces…

Si te menciono Bienvenidos al Edén , ¿qué recuerdas de ella? La definías como una "fantasía de neopreno" en otras entrevistas.

Fueron dos temporadas muy intensas [ríe]. La llamaba así porque, al principio, en el guion había tantas escenas en el agua que pensábamos que íbamos a estar más tiempo dentro que fuera de ella. Al final no fue tanto, pero se quedó en anécdota. Es lo que te decía antes de que todo va cambiando en el rodaje.

En fin, la verdad es que fue una experiencia estupenda, porque yo nunca había rodado con tanta gente joven. Imagínate que te llevan con una quincena de chavales a rodar en Lanzarote en invierno, mientras aquí en la península hace frío y allí el tiempo es increíble, todo el mundo se hospeda en un mismo hotel… Era como estar en un campamento. Recuerdo mucho la emoción de ver caras conocidas, otras que no lo eran tanto, ir a cenar pizza o jugar a los bolos.

En este proyecto compartiste elenco con Amaia Salamanca. También has trabajado con Carlos Bardem para el largometraje Centauro. En pocas palabras, que acostumbras a trabajar con nombres consagrados.

Es increíble. No me lo tomo como una presión más porque claro, si empiezas a pensar que ellos tienen mucha experiencia y te comparas, no vas a ningún sitio. Yo valoro la suerte que tengo de poder aprender de artistas como ellos. Siempre digo que ojalá estar rodeada todo el tiempo de gente que sabe mucho más que yo porque es un verdadero aprendizaje.

Foto uno de Vargas con look dos

Lámpara LeFaguays y butaca Andreu World
Cazadora, pantalones vaqueros y botines de Springfield

Ahora estás en plena promoción de Berlín, el spin-off de La casa de papel. ¿Quién es Cameron, el personaje al que das vida en la serie?

Es una mujer a la que admiro porque hace lo que siente y ya, da igual lo que piensen los de alrededor. No todo el mundo puede ser tan valiente y eso es lo que me gusta de ella. Cameron es una tía muy lista y se va adaptando como un camaleón a cada ambiente y a cada proceso de este robo. Es muy guay. Yo creo mucho en ella, no solamente como ladrona sino también por todas las cosas que van pasando en la serie…

Ya me has dicho antes que no puedes decir nada de ella porque aún no la has visto. Pero sobre el rodaje…

[Ríe] Ha sido uno de los que más han enseñado a nivel técnico. Tienen un equipazo. Llevan años trabajando juntos y son como una maquinaria de relojería perfecta, ¿sabes? Se unen como un engranaje que funciona de manera minuciosa, a un nivel asombroso, es como si ‘bailaran’.

Cuando entré y vi cómo hacían todo la verdad es que me asusté, porque me preguntaba qué pieza era yo en todo esto, dónde iba a encajar… La primera impresión que tuve fue abrumadora, pero fueron superacogedores. ¡Ah! Y en Berlín también me he enfrentado a escenarios que no había vivido nunca antes, como trabajar en platós virtuales. Yo me sentía como en Hollywood [hace una mueca coqueta mientras la maquillan].

Además, aquí trabajaste de nuevo con Albert Pintó.

¡Sí! Es el director que me dio mi primera película, Malasaña 32. La verdad es que fue muy bonito.

Foto dos de Vargas con look dos
Foto tres de Vargas con look dos

Aparador Epstein brothers y bronce Salvatore Melani

Hablemos de otra forma de expresión que también te gusta mucho: la moda. Eres embajadora de Springfield desde el año pasado. ¿Cómo se alinea tu forma de ser con las colecciones de la marca?

Pues es que algo que me gusta mucho de Springfield es que la asocio a ese momento en el que dejas de ser niña y empiezas a sentirte adulta. En esa transición, es una de las primeras marcas que dejas entrar en tu armario. Me traslada a mi adolescencia. También evoca mucha frescura y naturalidad, dos adjetivos que personalmente me gustan mucho y que creo que todas queremos que nos definan.

Springfield es una marca que te anima a ser tú misma, pero también tiene un aire bohemio, con esos vestidos tan románticos, de flores, que dan una sensación muy bonita de libertad y sensibilidad.

¿Te consideras una persona sensible?

La verdad es que sí. Tengo mis momentos racionales, eh, que no son muchos [bromea], pero creo que la sensibilidad es lo que hace que me dedique a lo que me dedico… aunque a veces también puede convertirse en mi talón de Aquiles, si se da en exceso. La clave está en encontrar los grises. Sí, siempre. Yo vivo en esa búsqueda.

Agradecimientos

Agradecimientos especiales a Springfield y a Madame Leavesley Interiors, en la calle López Silva 8 de Madrid @madameleavesley